El uno de julio de mil novecientos cuarenta y cuatro, Jorge Ubico es obligado a renunciar a la presidencia. Temiendo por su futuro, decidió exiliarse en la ciudad de Nueva Orleans, pues contaba con la simpatía del gobierno estadounidense, además de la de algunos notables ciudadanos.
Se instaló en una cómoda casa, donde recibió el aprecio de la comunidad y visitas constantes de sus allegados guatemaltecos, los cuales le mostraban su simpatía y transmitían confianza en que las cosas cambiarían a su favor.
Una de esas visitas, ocurrió cerca de la navidad de 1944. Se trataba de sus oficiales de confianza, Lázaro López y Germán Recinos, además de la esposa de López, Maria Siffling, identificada como una oficial de la Waffen-SS, bajo el comando del Reichsführer-SS Heinrich Himmler y el Ministerio de Ciencias Avanzadas.
Al igual que sus compañeros, recién desembarcados en Guatemala, se encontraban bajo la tutela de Otto Langmann, habiendo recibido entrenamiento en las tropas de asalto conocidas como Sturmabteilung.
Durante la reunión ocurrida en la casa de Ubico en Nueva Orleans, los oficiales guatemaltecos prometieron lealtad, agradecieron haber recibido generosas porciones de tierra en Tactic, Alta Verapaz y juraron organizar una tropa para restaurar a Ubico en el poder.
Esa misma noche, también se encontraba reunido en esa casa, Carlos el Hombrecito Marcello, un acaudalado hombre de negocios con el que Ubico trabó amistad, según reportes de agentes que le vieron frecuentar algunos elegantes casinos propiedad de Marcello .Se invitó a Carlos Marcello a visitar el país, tomando la invitación en febrero del siguiente año durante un par de semanas.
Siffling, la oficial alemana, prometió colaboración total de su gobierno para finiquitar la amenaza de la insurrección política en Guatemala. Ubico, agradeció el gesto de los oficiales guatemaltecos y alemanes; sin embargo, profundamente decepcionado por la manera en que se le obligó a salir del poder y abandonar sus pertenencias, cayó en una profunda depresión que le provocó serios padecimientos de salud.
López y Recinos, al volver a Guatemala, convocaron reuniones solemnes con importantes latifundistas del país, a quienes explicaron la amenaza de la inestabilidad en el poder y el peligro de las elecciones democráticas, pues ya corría la noticia de la candidatura de Juan José Arévalo por el partido Renovación Nacional y de su notable inclinación social. Estos mostraron interés por los proyectos de los oficiales, pero dudaron de su capacidad operativa, pues no les había sido revelada aún la presencia de más oficiales nazis en el país.
A inicios de 1945, la victoria electoral de Arévalo Bermejo, repercutió en el deterioro del estado de salud de Ubico, quien ante la inminencia de su muerte, mandó llamar a sus allegados, entre ellos, los oficiales López y Recinos.
Una nota publicada en el Diario el Imparcial, signada por Julio Urruela, da cuenta de que “el general Ubico pasó sus últimas cuatro semanas de vida en el cuarto 258 del hospital Bautista. A las cinco de la mañana del día 14 de junio Ubico tuvo un fuerte ataque de tos que casi lo ahoga. Pidió que lo visitara un sacerdote con el cual permaneció a solas por largo rato recibiendo luego los ritos de la Iglesia católica. Tuvo tiempo de sonreír a las tres o cuatro personas que estaban a su lado y decirles que su fin estaba cerca. Luego cerró los ojos y su agonía duró diecisiete horas. A las diez y veinticinco de la noche, en medio de una fuerte tormenta de lluvia, Jorge Ubico, de sesenta y siete años, exhaló su último suspiro, enjutado por el cáncer. Nunca se quejó ni perdió la paciencia. Nunca dejó de pensar en Guatemala. Según otro despacho de prensa del mismo diario, poco antes de expirar el expresidente pidió que le enviaran un quintal de tierra de su finca San Agustín Las Minas en Guatemala, para que lo cubriera en su entierro.“
Esa tierra fue transportada por los oficiales Recinos y López, en una caja de cedro especialmente fabricada para la ocasión. Al entierro del General Ubico, asistió además Carlos Marcello, quien guardaba especial aprecio a sus amigos guatemaltecos. La ceremonia dio paso para que los oficiales a su regreso, iniciaran la fase uno del plan Erobert Republik, mediante el cual Guatemala sería tomada y en ella, se erigiría la primer sede latinoamericana del Tercer Reich.
Se instaló en una cómoda casa, donde recibió el aprecio de la comunidad y visitas constantes de sus allegados guatemaltecos, los cuales le mostraban su simpatía y transmitían confianza en que las cosas cambiarían a su favor.
Una de esas visitas, ocurrió cerca de la navidad de 1944. Se trataba de sus oficiales de confianza, Lázaro López y Germán Recinos, además de la esposa de López, Maria Siffling, identificada como una oficial de la Waffen-SS, bajo el comando del Reichsführer-SS Heinrich Himmler y el Ministerio de Ciencias Avanzadas.
Al igual que sus compañeros, recién desembarcados en Guatemala, se encontraban bajo la tutela de Otto Langmann, habiendo recibido entrenamiento en las tropas de asalto conocidas como Sturmabteilung.
Durante la reunión ocurrida en la casa de Ubico en Nueva Orleans, los oficiales guatemaltecos prometieron lealtad, agradecieron haber recibido generosas porciones de tierra en Tactic, Alta Verapaz y juraron organizar una tropa para restaurar a Ubico en el poder.
Esa misma noche, también se encontraba reunido en esa casa, Carlos el Hombrecito Marcello, un acaudalado hombre de negocios con el que Ubico trabó amistad, según reportes de agentes que le vieron frecuentar algunos elegantes casinos propiedad de Marcello .Se invitó a Carlos Marcello a visitar el país, tomando la invitación en febrero del siguiente año durante un par de semanas.
Siffling, la oficial alemana, prometió colaboración total de su gobierno para finiquitar la amenaza de la insurrección política en Guatemala. Ubico, agradeció el gesto de los oficiales guatemaltecos y alemanes; sin embargo, profundamente decepcionado por la manera en que se le obligó a salir del poder y abandonar sus pertenencias, cayó en una profunda depresión que le provocó serios padecimientos de salud.
López y Recinos, al volver a Guatemala, convocaron reuniones solemnes con importantes latifundistas del país, a quienes explicaron la amenaza de la inestabilidad en el poder y el peligro de las elecciones democráticas, pues ya corría la noticia de la candidatura de Juan José Arévalo por el partido Renovación Nacional y de su notable inclinación social. Estos mostraron interés por los proyectos de los oficiales, pero dudaron de su capacidad operativa, pues no les había sido revelada aún la presencia de más oficiales nazis en el país.
A inicios de 1945, la victoria electoral de Arévalo Bermejo, repercutió en el deterioro del estado de salud de Ubico, quien ante la inminencia de su muerte, mandó llamar a sus allegados, entre ellos, los oficiales López y Recinos.
Una nota publicada en el Diario el Imparcial, signada por Julio Urruela, da cuenta de que “el general Ubico pasó sus últimas cuatro semanas de vida en el cuarto 258 del hospital Bautista. A las cinco de la mañana del día 14 de junio Ubico tuvo un fuerte ataque de tos que casi lo ahoga. Pidió que lo visitara un sacerdote con el cual permaneció a solas por largo rato recibiendo luego los ritos de la Iglesia católica. Tuvo tiempo de sonreír a las tres o cuatro personas que estaban a su lado y decirles que su fin estaba cerca. Luego cerró los ojos y su agonía duró diecisiete horas. A las diez y veinticinco de la noche, en medio de una fuerte tormenta de lluvia, Jorge Ubico, de sesenta y siete años, exhaló su último suspiro, enjutado por el cáncer. Nunca se quejó ni perdió la paciencia. Nunca dejó de pensar en Guatemala. Según otro despacho de prensa del mismo diario, poco antes de expirar el expresidente pidió que le enviaran un quintal de tierra de su finca San Agustín Las Minas en Guatemala, para que lo cubriera en su entierro.“
Esa tierra fue transportada por los oficiales Recinos y López, en una caja de cedro especialmente fabricada para la ocasión. Al entierro del General Ubico, asistió además Carlos Marcello, quien guardaba especial aprecio a sus amigos guatemaltecos. La ceremonia dio paso para que los oficiales a su regreso, iniciaran la fase uno del plan Erobert Republik, mediante el cual Guatemala sería tomada y en ella, se erigiría la primer sede latinoamericana del Tercer Reich.
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