En la habitación 258 del Hospital Bautista de
Nueva Orleans, Jorge Ubico, dictador guatemalteco exiliado, agonizaba
acompañado de sus más cercanos, entre ellos, dos oficiales a quien sirvió de mentor
y propulsor de su carrera militar: Lázaro López y Germán Recinos.
López, se hacía acompañar de su
esposa, Maria Siffling, la oficial nazi que formaba parte de la operación
Erobert Republik.
Era el 14 de junio de 1946, llovía en Nueva Orleans, era un aguacero que acompañó las diecisiete horas de agonía de Ubico antes de ceder ante el cáncer que lo estaba devorando.
Era el 14 de junio de 1946, llovía en Nueva Orleans, era un aguacero que acompañó las diecisiete horas de agonía de Ubico antes de ceder ante el cáncer que lo estaba devorando.
Falleció determinado a dos cosas: volver a
Guatemala en cenizas para ser esparcido en su finca de San Agustín y derrocar a
los salvajes que le habían exiliado. Para ello, había realizado todo lo que
estaba al alcance de su mano durante los últimos días de su vida.
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| Carlos Marcello |
Nueva Orleans fue así el cuartel general de una
estratagema que empezaba a fraguarse. Ubico había trabado amistad con Carlos Marcello, un
empresario influyente a quien la policía señaló de ser miembro de la mafia y
que más tarde fuera acusado de la muerte de John F. Kennedy.
Marcello era un hombre acaudalado y como tal conocía a cada personaje influyente en su ciudad. Por supuesto que la llegada de un ex mandatario le pareció una oportunidad enorme para expandir sus negocios a Guatemala.
Marcello era un hombre acaudalado y como tal conocía a cada personaje influyente en su ciudad. Por supuesto que la llegada de un ex mandatario le pareció una oportunidad enorme para expandir sus negocios a Guatemala.
Marcello, quien dominaba la escena con sus
casinos, conocía muy bien a los empresarios radicados en Nueva Orleans. Entre
ellos, Sam Zemurray de la United Fruit Company, quien tenía especial
interés en Guatemala, dado que la compañía que dirigía era propietaria de
tierras que producían enormes ganancias, generadas gracias a su fertilidad y a la baja tasa que
impositiva y lo poco que se le pagaba a la mano de obra.
Los oficiales López y Recinos, fueron
encomendados para concretar los últimos deseos de Ubico, llevarlo de vuelta a
Guatemala y derrocar al presidente Arévalo. Sin embargo este plan tendría un
desarrollo lento. Para ello, lograron una primera alianza. Siffling, la esposa
de López, una joven berlinesa enlistada
a temprana edad en las juventudes nazis, era el principal eje de esa alianza.
El hombre que gestó la llegada Nazi a
Guatemala, Otto Langmann, era uno de los principales agentes del Tercer Reich que
trataba desde el sabotaje, hacer caer América en manos alemanas. Luego de
fundar en Guatemala algunas misiones religiosas en las Verapaces, se marchó a Uruguay,
donde participó en la Batalla
del Río de la Plata, la única batalla naval de la cual se tuvo noticia en
América, en la cual tres cruceros ingleses derrotaron a un acorazado alemán que
intentaba hacerse de las costas del Atlántico.
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| Sede de la UFC en Nueva Orleans, LA. |
Parte de su plan era abrir el territorio
centroamericano al Tercer Reich. Para ello, coordinó la llegada de oficiales de
operaciones especiales, altamente entrenados, a Guatemala, quienes se hicieron
pasar por comerciantes y se establecieron en la misión religiosa de Langmann.
Siffling, quien contrajo matrimonio con López y presenció la muerte de Ubico
era una de ellas.
La idea principal era derrotar la democracia
guatemalteca, para hacerse del territorio, el poder y comenzar desde Guatemala,
una operación total para la toma de América, utilizando la posición geopolítica
del país. Sin embargo, las noticias del Tercer Reich eran cada vez más desalentadoras,
por lo que el éxito de la operación estaba comprometiéndose.
Siffling, una oficial comprometida, decidió que
lo mejor era contraer matrimonio con López, pues era la mejor manera de acceder
al poder militar en el país, dada la carrera en ascenso del oficial y su
cercanía con Ubico. El plan estaba funcionando. Al estar en Nueva Orleans,
rodeada de la gente de Marcello, el hombre poderoso de las mafias, conoció en
los casinos a la gente de Zemurray, con quien logró hacer contacto y mantener
la amistad.
Ambos compartían ideas muy parecidas: Guatemala
necesitaba de un liderazgo que le guiara hacia el desarrollo, el cual sólo
podía darse a través de la dirección de los hombres virtuosos, llenos de los
valores, que la gente primitiva del país no poseía, pues se trataba de
civilizaciones que no habían logrado desarrollar religión, capital ni cultura. Ambos creían que
la gente del país estaba destinada a servir a los imperios, que esa era su
labor útil, como si fuesen la mano de un cuerpo cuya cabeza y corazón debían
ser ellos.
Zemurray viajó en varias ocasiones a Guatemala,
donde fue atendido por latifundistas locales quienes guardaban en sus círculos
de confianza a López y Siffling. En esa multiplicidad de encuentros de visiones
y cercanías, entre ambos, temiendo una revolución irreversible en Guatemala,
fueron fraguando la manera de derrocar a ese poder que quería llevar a la
nación al caos.
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| Sam Zemurray |
Arévalo Bermejo, el hombre del gobierno
democrático en Guatemala, terminó su período y le sucedió Jacobo Arbenz, un
militar al que López conocía muy bien, uno al que le guardaba reservas, pues su
discurso ponía en grave riesgo la propiedad de la gente decente, la familia y
el idioma español.
Mientras Arbenz da sus primeros discursos, en
Nueva Orleans, Siffling, López, Marcello y Zemurray, militares, mafiosos, políticos
y saboteadores, crean el plan conocido como El Águila Bicéfala, en referencia a
la unión de dos grandes repúblicas: la estadounidense y la alemana, la misma
que tendría como misión recuperar este país de las manos de los revolucionarios
y mantenerlo en la línea donde debería estar: en el desarrollo, civilizándose.
El tiempo de Arbenz estaba por terminar. Era
imposible que resistiera el embate de la operación conjunta: los nazis tenían
el conocimiento táctico para invadir un país y Zemurray y Marcello, los
contactos en la CIA para iniciar una batalla política contra su gobierno. Era
solo cuestión de esperar el momento y avanzar. Cosa que estaba a punto de
suceder.




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